El cuerpo se desploma, vencido, pero una energía inquieta te recorre la espalda. Detrás de los párpados cerrados, el paisaje no se apaga: sigue el crujir mental de la gravilla, la curva interminable del sendero. Es como si una parte de ti se hubiera quedado atrás, quizá entre los viñedos de La Rioja recién cruzados, o ya estuviera caminando hacia la mañana siguiente. Este agotamiento paradójico roba la paz que debería llegar con la detención.
Encuentra tu parada mental en el Camino Francés
Necesitas un alto verdadero, una señal clara de que todo puede parar. En este rincón de la etapa, el Buen Camino Massage aborda esta desconexión. Con una dedicación serena, el trabajo manual actúa como un ancla física, llevando a tu sistema nervioso de vuelta al aquí y al ahora. Es un espacio táctil donde tu mente, al sentir el cuidado, encuentra por fin el permiso para detener su marcha y sumergirse en el mismo reposo que tu cuerpo.



